EL CAMPESINO Y LA HIJA DEL NOBLE

Estamos en invierno un frío intenso se extiende sobre la región, las grandes heladas propicias de esta época del año, han hecho estragos, han sido excesivamente fuertes y las familias están escasas de alimentos, especialmente la modesta familia que forman Daniel y Yoli, un matrimonio que tienen siete hijos, todos ellos pequeños.
Daniel no posee propiedades, se gana la vida cultivando las tierras del noble que vive en el castillo situado en lo alto de la colina, un personaje avaro, ruín y sin escrúpulos que cobra a Daniel grandes impuestos por dejarle trabajar sus tierras. Se acerca el día del pago y Daniel muy nervioso y preocupado reconoce, ante su mujer que no tiene medios para hacer frente a la deuda, juntos deciden poner este hecho en conocimiento del señor. La mañana siguiente el pobre campesino, lleno de dudas y preocupaciones se dirige al castillo, el camino se le hizo eterno y doloroso pero mayor fue su dolor cuando después de comunicar al señor su imposibilidad de pagar, este le exige la entrega de su hijo menor como garantía del futuro pago.
Lleno de pesar y tristeza Daniel regresa a su casa y comunica al resto de la familia las condiciones impuestas por el ruín propietario, el pánico y la ira hace presa en todos ellos, y la impotencia que sienten es total.
Va pasando la noche y se acerca la hora de la entrega, los padres miran con gran tristeza como el niño esta sumido en un profundo sueño que parece hacerle feliz.
Amanece, los primeros rayos de luz se dibujan en el horizonte, el campesino despierta a su hijo y se ponen en camino, el niño no comprende lo que esta pasando, solo tiene tres años, pero en su inocencia intenta consolar al padre quitando importancia a lo que ha de ocurrir. El castillo está ya muy cercano y el padre da un gran abrazo a su hijo, inmenso como si fuera el último que pudiera darle, se acercaron a las puertas del castillo y el campesino con gran pesar hizo entrega de su único bien, su malestar era indescriptible y quería morirse.
El niño fue recibido en el castillo con gran indiferencia y a pesar de su corta edad inmediatamente fue puesto a trabajar. Su trabajo consistía en limpiar las caballerizas, todos los días apenas amanecía debía limpiar los caballos, darles de comer y después tenía que sacar a pasear al potrillo propiedad de Juana, hija menor del dueño del castillo, una muchacha muy guapa y que tenía un corazón noble, pronto se hizo muy amiga del niño.
Juana todos los días a media mañana acudía a las caballerizas en busca de su potrillo y se perdía en el bosque, la gustaba observar a los animalitos que lo poblaban, los pájaros cantando con suaves trinos, las liebres que corrían de un lado para otro sin cesar, los ciervos que pastaban allí donde la hierba era mas suave, infinidad de mariposas de vistosos colores y otros muchos que sería imposible enumerar, todos eran amigos de la niña y parecía que todos agradecían su visita diaria.
Una mañana la muchacha acudió como todas las mañanas a las caballerizas, habló con el muchacho, se montó en su potrillo y como de costumbre se perdió en el bosque. Caminaba por un estrecho sendero con paso tranquilo cuando una loba se cruzó en su camino, era una mamá loba que no muy lejos de allí tenía su madriguera con sus lobeznos, la niña quiso acercarse para acariciarlos pero la mamá loba temiendo por la seguridad de sus hijos lanzó un fuerte aullido y asustó al potrillo que salió despavorido, como loco y sin rumbo, la niña aguantó como pudo pero al fin terminó por caerse perdiendo el sentido, algunos animalitos se acercaron a ella y trataron de reanimarla, no era posible conseguirlo el golpe había sido muy fuerte, pronto se concentró un gran número de animales en el lugar, todos eran amigos de la niña, celebraron una pequeña reunión y decidieron los pasos a seguir. Las liebres y los conejos escavaron una cueva, los ciervos hicieron un lecho de hierba, los pajarillos tirando con el pico de las ropas de la niña la llevaron volando hasta el lecho donde las mariposas batían sus alas para dar aire a la niña, todos colaboraron según sus posibilidades.
En el castillo, ante la ausencia de la niña se iba creando poco a poco un ambiente de preocupación, la noche ya estaba próxima y la niña seguía sin aparecer, la tensión iba en aumento. Juan se dirigió al señor y le pidió permiso para ir en busca de su amiguita este se lo negó dudando de la capacidad del niño para realizar una misión en la cual todos sus mejores súbditos habían fracasado, al fin y al cabo el era tan solo un niño de muy corta edad, así transcurrieron dos días.
La noche del segundo día, Juan ya no pudo resistir más la ausencia de su amiga y desoyendo la negativa del señor se escapó del castillo sin hacer ruido para que nadie pudiera detenerle. Silenciosamente se introdujo en el bosque y comenzó su búsqueda, el no conocía bien ese lugar anduvo de un lado para otro desorientado por la oscuridad. Habían pasado varias horas y la luz comenzaba a colarse entre la ramas de los árboles, las hojas adquirían unos colores muy brillantes, las flores se desperezaban inundando el entorno de los mas vivos colores, el murmullo del agua se entremezclaba con los sonidos que producían los animalitos que poblaban el bosque, todos estos sonidos y colores parecían formar parte de un extraño lenguaje, que el niño no comprendía, pero que él estaba seguro intentaban decirle algo. Haciendo caso de su corazón y sus nobles sentimientos el muchacho se dejó llevar, los animalitos le salían al encuentro y sin que el niño se diera cuenta le iban marcando el camino, cuando se desviaba un árbol le cerraba el paso, casi sin enterarse Juan se encontró delante de la cueva y allí vio tendida a la niña, su corazón se encogió y pensó que había llegado demasiado tarde, pero no era así, se acercó la tomó la mano y se convenció de que aún vivía. En ese momento un ciervo de gran tamaño, que parecía el jefe del rebaño, se planto delante de la cueva se arrodilló y aunque no pudo decirle nada al muchacho este comprendió, subió a la niña a lomos del ciervo y los tres rápidamente se dirigieron al castillo. Cuando llegaron nadie daba crédito a lo que veía, juan entregó la niña al señor y este en agradecimiento le concedió la libertad y perdonó la deuda de Daniel al mismo tiempo que prometía ser más justo y caritativo y ayudar a los demás sobre todo a los más necesitados. Así lo cumplió y cambió la vida en toda la región.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.